Anillos Pandora: Sofisticado testimonio de un legado histórico

Anillos Pandora, elegancia y sofisticación.

La palabra “Anillo” proviene del latín Anellus, que al parecer apuntaba a la ausencia de nieles o grietas ennegrecidas (nigellus). No solo en alusión a la nobleza de sus materiales de confección, sino también a la dificultad para discernir donde cierra su perímetro, lo cual se ha interpretado desde entonces como un símbolo de conexión con lo eterno ya que no tiene principio ni fin. Además, adornaba los dedos de su poseedor, tal y como aun hoy puede apreciarse en el diseño de los anillos Pandora, que se inspiran en el legado de aquellos primeros orfebres.

Diferencias entre anillo, sortija y arras

Es así, que para el ojo inexperto no existen claras diferencias entre anillo, arra y sortija, mientras que el avezado ojo del conocedor sabe distinguir los exquisitos detalles de su diseño, como son: el aro (segmento que abraza al dedo), el chatón (parte más o menos plana en la que se engastan joyas), y la gema. Aun cuando en algunos esta se remplaza por grabados para sellar documentos.

Mención especial merecen las sortijas, cuyo nombre deriva del latín sorticŭla, que es algo así como suertuda. Su aro puede ser liso y prácticamente carece de chatón, de modo que si lleva gema debe aferrarse al aro por tratarse de prendas estéticas y simbólicas… de hecho la palabra sortilegio proviene del latín sortilegium o adivinación mediante suertes supersticiosas que generalmente involucran sortijas.

Por otro lado, pareciera inapropiado llamar arras o aros a algunas de estas joyas, pues son más que el cuerpo de una sortija. Sin embargo, tal denominación deviene del latín arrhae o arrhăbo, o voluntad de cumplir un compromiso, y es por eso que las alianzas de matrimonio suelen ser aros lisos de oro, en cuyo interior se graban los nombres los contrayentes.

Pero, ¿hasta donde se remonta el legado de los anillos Pandora?

Pero fueron los antiguos romanos quienes dieron al anillo su actual significación, como quiera que el uso de anillos de oro fue privilegio de los nobles hasta que Séptimo Severo se lo concedió al ejercito durante el siglo II y posteriormente Alejandro Severo lo extendió a todo ciudadano romano para que se diferenciaran de los árabes quienes entregan un anillo como promesa de matrimonio.

De este modo, los romanos los llevaron en el anular izquierdo pues creían que la vena amatoris lo conectaba al corazón… Curiosamente las féminas los llevaron atados en collares y pulseras para usarlos como moneda (y después preguntan porque tantas profesionistas prefieren los charms Pandora), cuestión que muchos criticaron, y probablemente así dejar caer los anillos se convirtió en una expresión peyorativa.

Algunos fieles católicos del medioevo asociaron al dedo pulgar con el Padre, al índice con el Hijo, al medio con el Espíritu Santo, y al anular con el vocablo Amen, por eso llevar el anillo nupcial en el anular izquierdo se hizo costumbre en la Inglaterra de los siglos XVI y XVII como reseñara Herry Swinburne.

Pero, poco después de la Segunda Guerra Mundial se instauró internacionalmente, impulsando un mercado gracias al cual los anillos más tradicionales siguen compitiendo junto a los famosos relojes Lotus, joyas Gucci o abalorios modernos como los de la casa Hugo Boss.

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