La tienda erótica de mis fantasías

Juego erótico

Como todos sabrán, tener fantasías sexuales no solo es señal de inteligencia y de una sana autoestima, sino también de una cierta conexión con lo lúdico que suele caracterizar a las mentes más creativas, innovadoras y abiertas al cambio, y a pesar de ello a muchas mujeres nos cuesta admitir abiertamente que alguna vez las hemos tenido; aun después de saber que la ausencia de este tipo de imaginaciones o una indisposición rotunda a vivirlas y a experimentar con ellas, bien puede ser reflejo de nuestras inhibiciones y tabúes, un profundo temor a explorar y conocer nuestra sexualidad, o peor aun: una gran dificultad para expresar lo que realmente queremos.

Por lo menos ese fue mi caso hasta el día en que decidí hacer realidad una de mis fantasías más tórridas y alocadas… todo comenzó en mi adolescencia con fugaces fantasías con el perfecto beso francés, luego vinieron vividas ilusiones de una intensa noche de pasión con un experimentado y sofisticado hombre mayor que me llevara al éxtasis entre velas, música, incienso y pétalos de rosa; pero no fue sino hasta después de que estas se hicieron realidad que comenzaron a llegar a mi mente fantasías más terrenales y factibles que implicaban juguetear con el curioso e insinuante mobiliario de los moteles, tener sexo en las posiciones más excitantes, o seducir a un hermoso desconocido seleccionado al azar en la barra de una disco.

En definitiva, mi mayor deseo era conocer a alguien que me enseñara a ser una amante capaz de complacer las fantasías de cualquier hombre, pero me resultaba imposible expresar estas fantasías de una manera sana y mucho menos compartirlas con quien fuera mi pareja en el momento, y así seguía masturbándome a escondidas y fantaseando con follarme a mi jefe o al novio de mi mejor amiga sin que mi novio lo supiera… Poco sabia yo de la sorpresa que me deparaba el destino aquella tarde en la que después de una fuerte pelea, decidimos tener sexo de reconciliación y súbitamente el me retó a que le dominara mientras me untaba un poco de lubricante que nunca habíamos usado. De pronto comenzaron a fluir todas estas emociones y no pude evitar verme arrastrada por mi propio morbo. Fue salvaje.

De visita en tiendas eróticas… una revelación

Desde luego, esto nos motivó a visitar algunas tiendas eróticas de la ciudad, y aunque al principio me sentí bastante cohibida, pronto entendí que era mi oportunidad de conocer su lado más pervertido (y también el mío). De allí en más el sexo se volvió increíble, al punto en que no podíamos evitar hacerlo constantemente y explorar nuestros cuerpos cada vez con mayor delicia, finalmente pude contarle a cerca de mis fantasías, y casi sin darnos cuenta ya estábamos interpretando personajes e intercambiando roles, incluso comenzamos a ver pornografía juntos para experimentar con nuevas situaciones; y aunque todavía no nos sentimos cómodos con la idea de compartir con otras personas, no dudo en usar juguetes para imaginar que estoy con 2 hombres a la vez, y es que sin duda alguna esa visita a la tienda de adultos abrió un mundo de posibilidades que aun no acabo de explorar.

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