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1 julio, 2026Madrid, 1 de julio de 2026. El Gobierno ha abierto el camino de los Presupuestos Generales del Estado de 2027 con un nuevo cuadro macroeconómico y una primera prueba parlamentaria fijada para julio: la votación de la senda de déficit. El Ejecutivo defiende que España crecerá un 2,6% en 2026, cuatro décimas más de lo previsto en noviembre, pero la viabilidad política de las cuentas dependerá de una mayoría que sigue en disputa.
La decisión llega tras el Consejo de Ministros del 29 de junio, en el que el vicepresidente primero y ministro de Economía, Carlos Cuerpo, presentó el escenario económico para el periodo 2026-2029. Según el resumen del Consejo de Ministros difundido por La Moncloa, el nuevo cuadro macro es el primer paso para elaborar unos Presupuestos en los que el Ejecutivo ya trabaja. La respuesta directa es que el Gobierno sí ha iniciado la tramitación presupuestaria, pero aún no tiene garantizados los votos necesarios para culminarla.
¿Qué vas a encontrar en este artículo?
Claves del calendario presupuestario
- El Gobierno eleva la previsión de crecimiento del PIB de 2026 del 2,2% al 2,6%.
- El cuadro macroeconómico será la base de los Presupuestos Generales del Estado de 2027.
- La senda de déficit debe pasar por el Congreso antes del proyecto presupuestario.
- La votación clave está prevista para el 14 de julio, con el 23 de julio como posible fecha alternativa.

Qué ha aprobado el Gobierno
El Ejecutivo ha actualizado su escenario económico en un momento político sensible. Moncloa atribuye la revisión al alza a la moderación de la incertidumbre por la guerra en Oriente Próximo, al efecto de las medidas aprobadas para contener el impacto económico y al dinamismo de la actividad española en los primeros meses del año. Para 2027, la previsión oficial sitúa el crecimiento en el 2,2%, con una estimación por encima del 2% hasta 2029.
La importancia política del cuadro macro está en que fija el marco sobre el que Hacienda debe construir el proyecto presupuestario. Antes de enviar las cuentas al Congreso, el Gobierno necesita superar pasos previos como el techo de gasto y los objetivos de estabilidad. Es ahí donde la aritmética parlamentaria vuelve a ser determinante.
El calendario no empieza desde cero. La legislatura acumula dificultades para aprobar cuentas nuevas y el Ejecutivo ha funcionado con Presupuestos prorrogados. En ese contexto, RTVE situó la votación de la senda de déficit el 14 de julio, después de que la Junta de Portavoces reservara también el 23 de julio si fuera necesario retrasar el debate.

Por qué la senda de déficit es decisiva
La senda de déficit determina los objetivos de estabilidad para el Estado, las comunidades autónomas, los ayuntamientos y la Seguridad Social. Es un paso técnico, pero con fuerte carga política, porque condiciona el margen de gasto de las administraciones y permite medir si el Gobierno conserva una mayoría útil para aprobar las cuentas.
Si el Congreso rechaza esa senda, el Ejecutivo puede volver a intentarlo, pero el mensaje político sería claro: los Presupuestos de 2027 nacerían bajo una debilidad parlamentaria severa. Si la supera, Hacienda dispondrá de una señal favorable para preparar el proyecto y llevarlo al Consejo de Ministros antes de remitirlo a la Cámara.
La negociación se cruza con una Cámara fragmentada. La reciente presión parlamentaria sobre Sánchez y Junts mostró que el Ejecutivo vive pendiente de socios que pueden cambiar el resultado de votaciones clave. Esa inestabilidad también explica por qué los Presupuestos se han convertido en una prueba de resistencia para Pedro Sánchez.
El peso de las cuentas prorrogadas
España trabaja todavía con unas cuentas de 2023, aprobadas antes de las elecciones generales del 23 de julio de aquel año. La prórroga presupuestaria es legal, pero su continuidad prolongada reduce el debate ordinario sobre prioridades de gasto, inversiones, ingresos y nuevas políticas públicas. Por eso la tramitación de 2027 tiene un valor que va más allá de la contabilidad pública.
La oposición sostiene que gobernar con presupuestos prorrogados limita el control del Congreso. Ese argumento enlaza con debates recientes sobre la reforma de las sesiones de control al Gobierno y la regulación de los grupos de interés en el Congreso, dos discusiones que comparten un mismo trasfondo: cómo reforzar la rendición de cuentas del Ejecutivo y ordenar la relación entre Gobierno, Parlamento y actores externos.

Qué mayorías necesita Sánchez
El Gobierno necesita reunir una mayoría suficiente primero para la senda de déficit y después para el proyecto presupuestario. El problema es que varios socios han endurecido su posición en las últimas semanas. Junts conserva capacidad de bloqueo, Podemos mantiene exigencias propias y el PNV ha reclamado claridad sobre la continuidad de la legislatura si las cuentas no prosperan.
Además, los Presupuestos afectan directamente a territorios y comunidades autónomas. Cualquier propuesta de gasto, inversión o financiación territorial se leerá en paralelo al debate de la financiación autonómica, una carpeta política que sigue abierta y que puede condicionar el voto de formaciones decisivas.
La pregunta central es si el Gobierno puede convertir un buen dato macroeconómico en una mayoría política. El crecimiento previsto del 2,6% ayuda al relato económico del Ejecutivo, pero no resuelve por sí solo la negociación parlamentaria. Para aprobar los Presupuestos, Sánchez deberá encajar prioridades de partidos con intereses distintos y, en algunos casos, enfrentados.
Qué puede pasar ahora
El primer momento clave será la votación de julio. Si la senda de déficit sale adelante, el Gobierno ganará margen para acelerar el proyecto de Presupuestos de 2027 y presentarlo antes del otoño. Si fracasa, la legislatura quedará otra vez atrapada entre la prórroga de las cuentas de 2023 y la discusión sobre un posible adelanto electoral en 2027.
La conclusión principal es que los Presupuestos de 2027 ya han entrado en la agenda política, pero todavía no en una zona segura. El Ejecutivo tiene una previsión económica más favorable, un calendario parlamentario abierto y una oposición dispuesta a convertir cada trámite en una prueba de estabilidad. La votación del déficit en julio dirá si el Gobierno dispone de una vía real para aprobar cuentas nuevas o si el arranque presupuestario queda como otro intento frustrado de la legislatura.



