
España recibe 10,3 millones de turistas en mayo y eleva el gasto a 13.553 millones
5 julio, 2026Madrid, 6 de julio de 2026. Pedro Sánchez afronta esta semana la cumbre de la OTAN en Ankara con una posición cerrada sobre el gasto en defensa: España mantiene que puede cumplir sus compromisos militares con una inversión equivalente al 2,1% del PIB y rechaza elevarla hasta el 5%. La cita llega con críticas de Donald Trump, presión de varios aliados y un debate interno que vuelve a situar la política exterior en el centro de la agenda española.
La respuesta directa es que el Gobierno no prevé modificar su hoja de ruta antes de la cumbre. Según la crónica de EFE publicada el 5 de julio, Sánchez viajará el martes a Ankara y defenderá que España llega con los deberes hechos tras haber alcanzado en 2025 el umbral del 2% del PIB. El pulso se concentra ahora en el nuevo objetivo aliado del 5%, que el Ejecutivo considera innecesario para cubrir las capacidades reclamadas a España y difícilmente compatible con el gasto social.
¿Qué vas a encontrar en este artículo?
Claves del pulso sobre defensa
- Sánchez mantiene el objetivo español del 2,1% del PIB en gasto de defensa.
- La cumbre anual de la OTAN se celebra esta semana en Ankara, con Recep Tayyip Erdogan como anfitrión.
- Trump ha criticado a España por no asumir el compromiso común del 5% del PIB.
- El Gobierno defiende que España es un socio fiable y que cumple con las capacidades exigidas por la Alianza.

Qué defenderá España en Ankara
El Ejecutivo sostiene que el compromiso relevante no es solo el porcentaje de PIB, sino la capacidad real aportada a la seguridad común. Moncloa argumenta que España participa en misiones de la OTAN, contribuye al flanco este y ha impulsado un Plan Tecnológico y Estratégico de Defensa y Seguridad con una inversión adicional de 10.471 millones de euros. Esa línea será la base del mensaje español en Ankara.
La diferencia con otros aliados está en el objetivo del 5%. Sánchez aceptó el debate sobre más inversión en defensa, pero ha insistido en que España no necesita llegar a esa cifra para cumplir las tareas asignadas. La posición española se resume en una tesis política: más gasto militar no siempre equivale a más seguridad, y cualquier aumento debe ser compatible con el modelo social.
El choque se ha endurecido por la reacción de Trump. El presidente estadounidense ha acusado a España de no hacer un esfuerzo suficiente y ha unido esa crítica al malestar por la negativa española a facilitar el uso de bases en operaciones vinculadas a Irán. La información de RTVE sobre las críticas de Trump a España recogió la escalada verbal de Trump contra España y la respuesta de la OTAN, que trató el caso español como una excepción dentro del consenso aliado.

Por qué el 2,1% es la cifra clave
El 2,1% del PIB es la referencia que el Gobierno español presenta como suficiente para cubrir las capacidades militares exigidas. No se trata solo de una cifra contable: es el punto de equilibrio político que Sánchez intenta defender ante la OTAN, ante Washington y ante sus socios parlamentarios. Elevar el gasto hasta el 5% tendría impacto presupuestario y obligaría a abrir una discusión interna de alto coste.
La discusión llega, además, en un momento delicado para las cuentas públicas. La tramitación de los Presupuestos de 2027 ya ha situado al Gobierno ante una prueba parlamentaria en julio con la senda de déficit. Cualquier compromiso de gasto adicional en defensa entraría en esa negociación, porque afectaría al margen para políticas sociales, inversiones y acuerdos con los socios de investidura.
El debate también tiene una dimensión europea. España quiere aparecer como socio fiable, pero sin aceptar una carrera de porcentajes que Moncloa considera desproporcionada. Esa posición busca mantener margen propio dentro de la Alianza y, al mismo tiempo, evitar que el desacuerdo con Trump monopolice la cumbre.
La oposición exige una sola voz
El Partido Popular ha registrado una proposición no de ley para reclamar al Gobierno una posición clara, común y coherente ante la cita de la OTAN. La iniciativa pide reforzar el compromiso español con la seguridad euroatlántica y dar prioridad estratégica al flanco sur, con atención al Mediterráneo, el Sahel, el Magreb y Oriente Próximo.
El PP también acusa al Ejecutivo de transmitir mensajes contradictorios por las diferencias entre PSOE y Sumar. Esa crítica conecta con el debate sobre las sesiones de control al Gobierno, donde la oposición viene reclamando más explicaciones al Gobierno en materias sensibles. Para el Ejecutivo, el reto será sostener una voz exterior única sin abrir una crisis interna con su socio de coalición.

Impacto en la legislatura
La cumbre de Ankara no es solo una cita internacional. Para Sánchez, llega en una legislatura tensionada por la aritmética parlamentaria, las investigaciones judiciales y la negociación presupuestaria. La fase crítica de la legislatura señalada por Pradales reflejó la inquietud de socios relevantes sobre la continuidad del mandato, mientras la presión de Junts sobre Sánchez en el Congreso sigue condicionando votaciones clave en el Congreso.
Por eso el gasto en defensa tiene efectos políticos internos. Si Sánchez mantiene la posición del 2,1% y evita una confrontación mayor con los aliados, podrá presentar la cumbre como una defensa de la soberanía presupuestaria española. Si el choque con Trump escala, la oposición lo utilizará para cuestionar la fiabilidad internacional del Gobierno y la solidez de su política exterior.
Qué puede pasar ahora
El primer escenario es que España mantenga su posición sin cambios y que la declaración final de la cumbre deje margen para diferentes ritmos nacionales. Ese resultado permitiría al Gobierno sostener que cumple con la OTAN sin asumir el 5% del PIB. El segundo escenario es una presión pública mayor de Trump o de otros aliados, lo que obligaría a Moncloa a reforzar su argumentario y a explicar con más detalle las capacidades comprometidas.
La conclusión principal es que Sánchez llega a Ankara con una posición definida, pero con poco margen para equivocarse. La política exterior, el presupuesto de defensa y la estabilidad parlamentaria se cruzan en una misma semana. El Gobierno quiere demostrar que España cumple; sus críticos buscarán probar que el país queda aislado en la Alianza.



